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jueves, 29 de octubre de 2009

Celso Emilio Ferreiro: El Poeta Exquisito

Celso Emilio Ferreiro: El Poeta Exquisito

*

A pesar del viento y de la tormenta,
a pesar de la lluvia y de la tormenta,
a pesar del fuego y de la tormenta,
a pesar del plomo y de la tormenta,
a pesar de los inocentes Galilei
inmolados a la letra consagrada,
todavía hay poetas que residen
en torres de marfil amuralladas,
todavía poetas primorosos,
delicados poetas todavía.
Uno de ellos descansa aquí,
dulce gorgeador de primaveras.

*

Poesía Libre. Revista de Poesía. Ministerio de Cultura, Managua (Nicaragua) Años IV. Número 10, enero de 1984.

Responsable: Julio Valle-Castillo

Consejo Editorial:

Carlos Calero (Monimbó); Juan Ramón Falcón (Condega); Marvin Ríos (Niquinohomo); Cony Pacheco (Subtiava); Gonzalo Martínez (Bluefields); Gerardo Gadea (Ejército Popular Sandinista)

jueves, 15 de octubre de 2009

Juan Ramón Jiménez: Sarito

Sarito

Para la vendimia, estando yo una tarde grana en la viña del arroyo, las mujeres me dijeron que un negrito preguntaba por mí.
Iba yo hacia la era, cuando él venia ya vereda abajo:

—¡Sarito!

Era Sarito, el criado de Rosalina, mi novia portorriqueña. Se había escapado de Sevilla para torear por los pueblos, y venía de Niebla, andando, el capote, dos veces colorado, al hombro, con hambre y sin dinero.
Los vendimiadores lo acechaban de reojo, en un mal disimulado desprecio; las mujeres, más por los hombres que por ellas, lo evitaban. Antes, al pasar por el lagar, se había peleado ya con un muchacho que le había partido una oreja de un mordisco.
Yo le sonreía y le hablaba afable. Sarito, no atreviéndose a acariciarme a mí mismo, acariciaba a Platero, que andaba por allí comiendo uva; y me miraba, en tanto, noblemente...

(De 'Platero y yo', nº LXXIV)


Lo hemos destacado porque hace alusión al racismo y a los negros.

viernes, 26 de diciembre de 2008

Agustín García Calvo: CANCIÓN DE 'AHORA YA'

El primer número de 'La Borrachería, cuadernos poéticos' se rotula así: "AGUSTÍN GARCÍA CALVO. Cinco inéditos". Edita Lucerna y patrocina el Café-Bar Aureto. Y tras la portada viene este brindis:

'Vaya en agradecimiento, desde La Borrachería, un brindis de homenaje a la amistad y a la obra de Agustín García Calvo, para que sus versos, como buen vino, nos empapen siempre la vida'

Y firma Aurelio que, suponemos, será el dueño del Café-Bar Aureto.

Y el librito aclara en su última cara:

'Este primer número de LA BORRACHERIA dejó de ser de Agustín para ser de todos el día 1 de mayo de 1997. Es edición única y numerada.

La que nosotros tenemos señala que es la '024/400'.

Para ser fieles a lo dicho de que dejan de ser del autor para ser de todos los demás les ofrecemos estos 5 (cinco) inéditos; inéditos antaño, claro.

Los publicamos en este blog 'Caminar conociendo' porque el autor colaboró gratuitamente con la revista 'Caminar conociendo'. Aquí tienen el tercero de los poemas:

(C)

CANCIÓN DE 'AHORA YA'

Me han dicho que vuelves.
Lo dice el arroyo, que vueve a tener
en flor amarilla los lirios,
para que tú en el remanso desnuda
entre ellos nades otra vez.

Lo canta la mirla,
si otra o la misma, que torna a tejer
su nido al balcón de mi cuarto,
porque la oigas, si acaso a la siesta
callandito a ver.

La vieja escalera
me cruje al subirla, gruñendo '¿Otra vez
va a andarme pisando la niña
arriba y abajo?'; pero ella sus tablas
alisa ya para tus pies.

Susurra la yerba
'Que vuelve'; lo cuenta en la tarde también
la luna creciente; y temblando
el corazón me lo grita en el pecho,
que no me cabe el loco de él.

Y él sabe que luego
será como siempre, que habrá con la miel
abejas zumbonas, que sombras
malas que a mi tus cielitos me nublen,
que te me alejen otra vez.

Pero esta alegría
de hoy de que vuelves, que ya, que lo sé,
no puede quitármela nadie.
¡Ah, que quedaros parado por siempre
en el istante de volver!


(Seguirá otro de los cinco poemas inéditos, en otro 'Caminar conociendo')

viernes, 3 de octubre de 2008

Jacinto Herrero Esteban: Ampo de nieve


Ampo de nieve, Niño, flor del viento
que convierte en estrellas el rocío
posándose en el heno. Amigo mío,
desde una infancia que cercana siento:

Esta caña que agita el pensamiento
Tú la arrancaste de un bancal baldío;
cercenaste la caña, su albedrío,
y diste a su raiz un nuevo aliento.

Los salmos nos dijeron que era el Hombre
la hierba que crecía en el tarrado
y mañana no está. Pero tu cuna,

de paja y cañavera, se ha poblado
con estrellas de escarcha, y una a una
se salvan de la muerte por tu nombre.

martes, 19 de febrero de 2008

Luis García Montero: Yo sé

Yo sé
que el tierno amor escoge sus ciudades
y cada pasión toma un domicilio,
un modo diferente de andar por los pasillos
o de apagar las luces.

Y sé
que hay un portal dormido en cada labio,
un ascensor sin números,
una escalera llena de pequeños paréntesis.

Sé que cada ilusión
tiene formas distintas
de inventar corazones o pronunciar los nombres
al coger el teléfono.
Sé que cada esperanza
busca siempre un camino
para tapar su sombra desnuda con las sábanas
cuando va a despertarse.

Y sé
que hay una fecha, un día, detrás de cada calle,
un rencor deseable,
un arrepentimiento, a medias, en el cuerpo.

Yo sé
que el amor tiene letras diferentes
para escribir: me voy, para decir:
regreso de improviso. Cada tiempo de dudas
necesita un paisaje.

sábado, 8 de diciembre de 2007

Blancho Chivite reseña 'La década oscura'

Reseña:
Título: La década oscura (1940-1950)
Autor: Luis Garrido
Editorial: VOSA
Ciudad: Madrid
Año: 1994
(donado por el Ayuntamiento de Las Navas a su biblioteca pública)

La 'Década oscura' comienza en Las Navas del Marqués y nos habla del tiempo y el lugar en el que aconteció su origen –el de Luis Garrido, su autor- su nacimiento al trabajo, a los libros y a la escritura: la España de 1940 a 1950. E incluso, antes, cuando Genaro, el ganadero de Las Navas, encuentra ‘caminando por la carretera a un mozalbete que huye de los borregos’. Son recuerdos grises tirando en demasiadas ocasiones a negros, matizados por el ansia de vida y saber de un muchacho dedicado desde los trece años a ganarse los garbanzos y aprender por el viejo método de ‘compóntelas como puedas’.
La vida de Luis Garrido ha sido trabajo, duro trabajo, escritura y libros. Libros en el más amplio y completo sentido de la palabra: los ha escrito, editado, vendido… Librero desde hace muchos años, lo sabe casi todo del mundo del libro.
Pero, sobre todo, es escritor. Su obra ha sido juzgada, criticada, justamente elogiada y reconocida en cada nueva entrega. Sus novelas y libros autobiográficos se sitúan en la gran tradición novelística española que va desde Cervantes y la picaresca a Galdós, Baroja y a los grandes narradores de fondo de hoy día.
Allí, en la calle Hermosilla, de Madrid, tiene su librería Luis GARRIDO. Madrugador e inquieto, se ha hecho, durante años, sus diez o doce folios diarios. Allí fue destilando los recuerdos de ‘La década oscura’, ‘aquella época’ ominosa, fatal, triste, de gris y de sangre…
‘Era una época difícil… solo con que alguien pareciese policía te echabas a temblar…’.
Si se cantaba era ‘porque cantar siempre ayuda a pasar calamidades’. Tiempos en que ni Caperucita ni los pimientos podían ser rojos, sino ‘colorados’; en los que se apreciaba un número capicúa en el billete del tranvía porque… ‘la única esperanza de mejora para la gente era la suerte y un capicúa se tomaba como símbolo de un afortunado presagio’.
De ‘aquella época’, de aquellos trabajos, de aquellos temores –‘ten cuidado, hijo, ya ves lo que la ha pasado a tu padre’- de aquellos silencios a hierro y fusil, de aquellos sudores anónimos, ha extraído Luis Garrido este libro. Nos cuenta su vida, sólo eso, nada menos que eso, y lo cuenta bien, construyendo cuidadosamente, línea a línea, un fresco traspasado de sangre, carne y hueso, voces, risas…
En la ‘Década oscura’ están los menos importantes, aquellos de quienes nadie habla a no ser, de tarde en tarde, algún escritor o algún poeta. Gentes sometidas, las que solo contaban para trabajar, producir y callar… las más importantes, las que levantaron el país y, de paso, sobre su esfuerzo, se hicieron las grandes fortunas del franquismo.
En esa década, pues, se fraguó la vocación y la voluntad de futuro de Luis Garrido y el carácter de un hombre trabajador, tenaz y sumamente observador con una memoria admirable, gracias a la cual, casi medio siglo después, ha podido darnos estas páginas.
Páginas que son el grito de ‘tantos jóvenes frustrados en sus estudios, en sus oportunidades, en sus posibilidades de futuro’, en unos momentos en que todo, cultura, canciones, cine, tebeos, cuentos infantiles, periódicos, NODO, discursos políticos, ‘encubría la realidad y el que trabajaba recibía migajas y los que estaban en la cima se comían el pastel’.
Luis Garrido a los 13, a los 14, a los 15 años, cuando recorría Madrid para ir a trabajar, tenía a su padre preso en la cárcel de Burgos, por política, claro está. Inició su andadura bajo el signo del trabajo precoz y aún hoy sigue en el tajo. no es mala síntesis.
‘Mi generación –escribe al final- se pasó la vida reconstruyendo sin tener apenas tiempo de juzgar si era buena o mala su actitud’.
Tampoco a nosotros nos toca juzgar; lo que la generación de Luis Garrido hizo posibilitó casi todo lo vino después, quizá todo. Y en este caso, y en nuestro país, si se puede decir que cualquier tiempo pasado (entre 1939 y 1975) fue peor; aunque, para muchos vaqueros de Las Navas del Marqués, ahora, el viento del Mercado Común Europeo le haya aventado parte –si no toda- de la cabaña ganadera.
Manuel Blanco Chivite, editor, periodista, autor de numerosas novelas, sobre todo negras, estuvo condenado a muerte en 1975 por el franquismo.

SE PUEDE LEER EN LA PÁGINA 26 DE LA REVISTA ‘CAMINAR CONOCIENDO’ NÚMERO 5 DE JULIO DE 1996

martes, 24 de abril de 2007

Alberti: Pradoluengo

Los gallos. Ya cantan.
¡Vamos! La alborada

Aguas de río,
que no de mar,
aún tenemos que pasar.

Ya cantan los gallos.
La alborada. ¡Vaamos!

Rafael Alberti

lunes, 23 de abril de 2007

Rosalía de Castro: Follas Novas


'...

que al contemplar, en las alboradas frescas

del mes de mayo, las sonrosadas luces

que alegres siempre a visitarle vienen

no diga: "¡Así cuando yo muera, pudiera

dormir en paz en este jardín florido

cerca del mar... del cementerio lejos!..."

¡Que tu no escuchas jamás! ¡Oh, Moore!

lloros amargos, quejumbrosos rezos..."


Rosalía de Castro

(En la tumba del general inglés sir John Moore)

miércoles, 18 de abril de 2007

PAZ DÍEZ-TABOADA: 'Invitación al Viaje'


Invitación al Viaje


de Paz Díaz-Taboada


Acompáñame, ven. Por el camino
encontraremos perros y cristales,
semáforos en rojo y, cerradas, las verjas
sobre jardines secos, en que la arena ahoga
los linderos bordados de flores humilladas.


Pero no importa. Ven. Encontraremos
rostros adustos, dientes como garras,
violentos gestos y feroces gritos...
Con manotazos bruscos tratarán de alcanzarnos.
Siempre juntos, tú y yo seguiremos la ruta,
sonrosada y alegre, que no marcan los mapas
sobre el gris del asfalto. A cada instante
nos propondrá el deseo de un alto vuelo.


Acompáñame, ven. Te invito a un largo viaje
contra el viento, sin coche ni maletas.
Dejaremos atrás placeres preceptivos
y a tanto triunfador con las cartas marcadas.
Buscaremosun norte. Buscaremos un alto
bosque frondoso y el rumor del mar.


Cercana ya la hora del silencio,
buscaremos el sol cuando derrama
y el ámbar de la luz sobre rocas y espumas.
Y alegre, brindaremos, con la mirada absorta
ante la inmensidad del mar y del olvido.


Paz Díez-Taboada es profesora y poeta. Su último libro, en colaboración con Miguel Díez, es La memoria de los cuentos'.


DE LA PÁGINA 7 DE LA REVISTA 'CAMINAR CONOCIENDO' NÚMERO 8 DE JULIO DEL 2.000

martes, 17 de abril de 2007

OVIDIO PÉREZ MARTÍN: 'Huellas en la arena: poesía y poetas'


Huellas en la arena: poesía y poetas

Por Ovidio Pérez Martín


No tengo ninguna veneración por la poesía, ni por los poetas, sí un gran respeto por ser la poesía un producto que brota en lo más digno del ser humano. Este hecho, y sólo él, me produce profundo respeto porque me parece que una de las tareas más esclarecedoras para conocer al hombre y un inmejorable método de descubrimiento del mundo y de quien lo habita.
Y digo esto porque, al hablar con la mayoría de las personas sobre poetas y poesía, lo primero que hacen es esforzarse en extirpar del hombre al poeta, como si el poeta fuese un quiste extraño incrustado en algunas personas. Ocurre a diario. Para la mayoría de los hombres, el poeta es un ente que está más allá del hombre. Y la poesía es un producto más allá de lo humano, una especie de entelequia.
Con este extrañamiento, esta expulsión de la poesía y del poeta más allá de las fronteras humanas –sacudirse el poeta que todos somos, parece una afirmación de hombría o de mujerío, y no es otra cosa que un cercenamiento de de la parte más incardinada en la propia humanidad-, la mayoría de las personas quieren escamotearse a si mismos. Es decir, se dan miedo ellos mismos y ese miedo les infunde miedo de los demás. Nunca el miedo es buen consejero.
A esta concepción del poeta y de la poesía como entelequia, o como cosa situada más allá del hombre y quizás de su naturaleza, como ente que habita en el confín de lo sobrenatural, han contribuido mucho ciertos poetas que se ven así mismos levitando, fuera del mundo y sus miserias. Esa es la miseria que padecen.
Para mi el poeta y su producto el poema son esencialmente humanos, y nada humano le es ajeno. Desde este nivel de hombre y obra humana el poeta y la poesía se ponen a la distancia precisa para tratar con él y con ella como es debido. Desde esta dimensión humana, el objetivo del poeta y de la poesía, entre otra infinidad de cosas, es rastrear y traer testimonio de esa zona del mundo que está más allá de lo conocido por la ciencia. Es decir, acarrea material, testimonios, de una parte misteriosa aún, no explicada todavía por la ciencia. De aquí que resulte dificilísimo explicarlo. Por ello el lenguaje poético es tantas veces, como diría San Juan de la Cruz, ‘un no sé que queda balbuciendo’. Supremo ejemplo del ‘balbuceo’ es César Vallejo. La palabra poética está en él preñada de significados y su presión rompe a veces la estructura de la frase. Pero ¡qué poesía tan verdadera! Muchas veces el poema no puede ser claro. Solo es posible vislumbrar. Cuando el lenguaje oscuro es verdaderamente poético no es rebuscado, es el único lenguaje preciso.
La tarea del poeta es solo comparable a la de los antiguos navegantes que ponían su barco rumbo a lo desconocido, y, una vez recorrido ese continente virgen, el regreso al lenguaje, a lo convencional, hay que adivinarlo en los signos que el azar nos va enviando. No hay posibilidad de ser claro, sería una traición a la verdad, solo hay posibilidad de balbuceo. La claridad está, precisamente, en esa misteriosa evocación.
Esto último lo ilustra el poema Niños del parque de Manuel Machado que copio a continuación:


Esto es sumamente serio
Y encierra un misterio grave.
La fuente tiene un misterio:
Dice… lo que el niño sabe.
Porque él lo sabe; y, atento
A la parlera corriente,
Tiene lleno el pensamiento
Del discurso de la fuente.
Pero tú no entenderías
La voz demasiado oída.
Eso no se entiende más
Que al principio de la vida.


Esa razón tan clara de la fuente –del arroyo, del río, de la fuente- que solo puede balbucirse… Solo en su voz puede entenderse. Decía Juan Ramón Jiménez: ‘Río mío de mi huir, salido son de mis venas’ y también: -‘¡oh mar, amor!’-. Balbuceos.
Recuerdo las páginas del Diario de Colón, en los días anteriores al 12 de octubre. Son páginas que recogen los signos, insignificantes las más de las veces, que escriben en el agua o en el aire la inminencia de algo absolutamente nuevo que va a surgir de un momento a otro.


‘Lunes, 8 de octubre. Los aires muy dulces, como en abril en Sevilla, que es placer estar a ellos, tan olorosos como son. Pareció la hierba muy fresca; muchos pajaritos (de campo, y tomaron uno), que iban huyendo al sudeste, grajos y ánades y un alcatraz.
Martes, 9 de octubre. Toda la noche oyeron pasar pájaros.
Jueves, 11 de octubre. Vieron los de la carabela Pinta una caña y un palo, y tomaron otro palillo labrado a lo que parecía con hierro y un pedazo de caña, y otra hierba que nace en tierra, y un palillo cargado de escaramujos. Con estas señales alegráronse todos.
El Almirante a las diez de la noche, estando en el castillo de popa, aunque fue cosa tan cerrada que no quiso afirmar que fuese tierra. Era como una candelilla de cera que se alzaba y levantaba.’


He querido copiar esta larga cita porque pocas veces se han escrito palabras tan llanas con mayor carga emotiva. Al menos a esta distancia de siglos a mi me parece. Posiblemente en aquellos momentos no lo eran tanto, acosados los marineros por el deseo de llegar a la tierra lo antes posible.
La poesía es una expedición a esas geografías desconocidas, a islas que, a veces, ni siquiera existen, a lugares donde no es posible hacer pie, a estados de ánimo que, si bien muchos han experimentado, nunca han sido hollados por la escritura.
En las expediciones a esas fronteras muchos se pierden, muchos no encuentran nuevas islas, no digamos ya continentes, muchos vagabundean por territorios ya conocidos. Muchos se pierden, no hay brújula, ni sextantes, paralelos, ni meridianos. No hay agujas de marear, no hay coordenadas para la poesía. Tan solo existen las estrellas. Tan solo si encuentras en SOS apropiado, la isla donde agarrarte, la palabra que expresa esa agonía, te sientes recobrado. Al fin y al cabo la poesía no está en los versos, en la materialización de la trama de tinta. La escritura, esa parte oscura que contrasta con la blanca superficie de la página, es como la tela de araña para atrapar la poesía.
La poesía es el riesgo, esencia de la aventura, que todo expedicionario corre, encuentre mundos nuevos, viejos, se pierda, o vuelva con las manos heridas.
Y es también otro riesgo de esa aventura quedarse desnudo, a la intemperie, ante los demás, con todas las erupciones que ello provoca, acostumbrados como estamos a aparecer vestidos, profundamente convencidos de nuestra fealdad –ese sentimiento de culpa- que, casi siempre, no es otra cosa que miedo a la belleza de la verdad, a presentarse tal cual.
Otro riesgo corre el que escribe: descubrir su pensamiento y su intimidad. En una sociedad que cultiva las apariencias, que se cubre hasta quedar disfrazados -¿tanta vergüenza sienten de si mismos?- a quien se cómo es, cómo piensa, se le apunta con el dedo, a veces, con la piedra.
Sólo escriben y opinan los que sienten vergüenza de ser hombres y como tales presentarse.
Hay que escribir como quien extrae mineral de una roca. El pico, la pluma, hiere una y otra vez esa superficie absolutamente callada para extraer la palabra.
Escribir poesía, por eso es algo de mucho riesgo y la mayoría de la gente, por no creerlo, lo despachan como entelequia, y al poeta, como ovni, objeto volante no identificado. Del riesgo que supone escribir es testimonio el libro La prisión donde escribo publicado por el PEN, en el que se hace una antología de textos de escritores encarcelados. En el prólogo, Joseph Brodsky, encarcelado, exiliado y premio Nóbel, dice: ‘En el siglo XX, la reclusión de escritores se da por sentada en todo lugar. Apenas si cabe mencionar un idioma, por no halar de un país (¿acaso Noruega?), cuyos escritores hayan quedados eximidos de la práctica’. Y, entre otras cosas, añade: ‘De hecho, escribir –mejor dicho componer mentalmente- poesía formal puede recomendarse en la reclusión como una suerte de terapia, al igual que las flexiones y las duchas frías’. ‘Este libro representa una antología de llamadas de auxilio, recibidas o ignoradas durante la mayor parte del siglo por los trasatlánticos de lujo que por casualidad pasaban por la zona del naufragio’. ¿De qué manera tan frágil están hechos algunos poderosos? -¿todos quizás?-, destacando sobre los demás los dictadores, para temer a los que escriben que, si bien pueden llegar a ser tigres, son solamente tigres de papel? Pero también cabe preguntarse: ¿qué poder tiene la palabra, hablada o escrita, para hacer temblar a los poderosos hasta el punto de privar de libertad a los que la utilizan? Claro que los poderosos quisieran tener, sobre todo, para su satisfacción, autoridad sobre el pensamiento de las personas. Y aun no se ha inventado un arma para doblegar el pensamiento. Aunque sutiles y terroríficas torturas ya existen. Y aquí pido, para no ir destripándolas una a una, que recuerde cada uno aquellas que se han ido utilizando en las últimas décadas. (Unos minutos de silencio). Después del estupor que cada cual habrá sentido, sigamos.
Claro que no todos los que escriben corren riesgos, si no loquera, y terrible, el perder su propia identidad, que es encarcelarse a si mismo. Aquellos que se ponen al servicio del poder y se comportan como señoritas de compañía suelen sacarle algunas glorias y algunas monedas al señor. Migajas solamente ante el propio y atroz suicidio intermitente. Es terrible haberse suicidado y seguir vivo.

Ovidio Pérez Martín es profesor y poeta.

SACADO DE LAS PÁGINAS 14-15 DE LA REVISTA ‘CAMINAR CONOCIENDO’, NÚMERO 8 DE JULIO DEL 2.000

Encabeza el artículo, ilustrándolo, una pintura en blanco y negro de del pintor iraní Farokh Shahi

miércoles, 11 de abril de 2007

José Luís Morante: 'Paseo'



Paseo


de José Luis Morante





La parda mansedumbre del otoño
duerme el reloj, incita a la palabra.
A su reclamo acuden pensamientos,
franquean la angostura de la boca
y visten los canchales de granito
con un traje de musgo confidente.
Como cantos rodados damos vueltas
por la cristalería del pasado.
Mezcla el camino bayas y recuerdos,
excrementos, ideas y amanitas,
concesiones y rosales silvestres.
Con ánimo apacible descubrimos
naipes ocultos que el azar baraja,
emparentamos pasos y raíces.
Troncos hueros se bañan en la inquieta
transparencia glacial de los arroyos.
Una hilera de nubes acaricia
las boscosas laderas y el paisaje
se disfraza de de noche, se hace sombra
para resguardemos nuestros sueños.
En el viaje de vuelta imaginamos
maléficas miradas de gorgona.
Un tiempo indefinido nos espera,
mas la amistad es ley incontestable.
El futuro no existe. Lo inventamos.

José Luis Morante, profesor de literatura, es premio 'Luis Cernuda'
(Texto del libro inédito 'Largo recorrido')

SACADO DE LA PÁGINA 17 DEL NÚMERO 8 DE LA REVISTA 'CAMINAR CONOCIENDO' DE JULIO DEL 2.000

José Mª Muñoz Quirós, otro poema sobre 'La Llama'

José Mª Muñoz Quirós



No volverá ya más. ¿Por qué tan breve

es el origen de la luz que atrapa

en su vivir abierto, en los sentidos

anchos y errantes del temblor del fuego?

Todo es así misterio de alta llama,

pudor de tempestad nido de espuma,

levísimo rescoldo de alma y tiempo.

Todo es así tan breve. Todo acaba

en el fondo del mundo y luego nace

para sentirse niño en la inocencia

de la tarde y la flor, en la más alta

profundidad del ser. ¿Con qué palabra

pronunciaré tu nombre en este instante

volcado solo en mí? No tengo nada

que pueda ser paloma de silencio,

intensidad mayor cumbre más firme,

ancla de soledad donde no anclaba

la tarde cuando duerme en esos brazos,

y más que ya morir, se desvelaba.


José Mª Muñoz Quirós, poeta abulense, es premio 'Gil de Biedma' y otros más.

(texto de 'El fuego inhabitable')



DE LA PÁGINA 17 DEL NÚMERO 8 DE LA REVISTA 'CAMINAR CONOCIENDO' DE JULIO DEL 2.000. LA PÁGINA ESTÁ ILUSTRADA CON UN CUADRO DEL PINTOR IRANÍ SEYYED JAMAL AL-DIN PIRKHEDRI

José Mª Muñoz Quirós: 'La Llama'

La Llama

José Mª Muñoz Quirós

La llama ha sido recibida en mis manos.
Balbuceo de amor, hirvió en mis ojos,
y hoy la recojo al borde de la playa,
herida por la arena, sentida en libertad
bajo als olas, en los cuerpos que son
como azabache bajo el sol de mayo.
El faro ha dado al mar en sus señales
el temblor de ese fuego. Llamarada en su ser
el horizonte
colma también de llamas cada tarde,
enrojecido azul hacia la noche.
Nada es más llama que esa leve rosa
en los caminos del añil secreto
del mar y sus honduras. Y sin dolor
es llama
la memoria celeste de los ojos
que cuando miran arden sin sentirse
herederos de ayer,
absortos
en esa plena luz que en el recuerdo
se encarcela en la sangre.
Llamas serás mañana si hay mañana.

José Mª Muñoz Quirós, poeta abulense, es premio 'Gil de Biedma'
(Poema de 'El fuego inhabitable')

Leído en la página 17 de número 8 de la revista 'Caminar Conociendo' de julio del 2.000

martes, 10 de abril de 2007

OVIDIO PÉREZ MARTÍN: 'Palabrero'

Palabrero

de Ovidio Pérez Martín

-1-

Escribió muchos libros de poesía
barajando palabras y pesetas.
Y más escribiría. A tal poeta
nunca se le llena la alcancía.


Nunca dijo nada. Ni siquiera dijo:
donde dige digo, digo Diego.
Sólo paja cambiaba por alijo.
Nunca la paja diera menos trigo.


Poeta a precio fijo siempre a punto
de sublimar palabras y palabras:
-¡Abra, cadabra! El dinero: ¡junto!


¡Abran las puertas al poeta! ¡Abran!
que va de la poesía a sus asuntos
y se limpia el asunto con palabras.


Estrambote


Poeta milagrero, convertía
la poesía en dinero. E invertía,
como mal financiero, en poesía.


-1 bis-


Astillas, lascas, esquirlas
(En toda obra se desprecian materiales válidos, lascas, que no es bueno despreciar. En el anterior soneto quedó, por amor a la preceptiva, lo que a continuación queda a la vuestra consideración)


Pidió la autoridad cuarto y mitad
y el poeta sirvió mitad y cuarto.
-¡Que siente bien!- dijo el poeta
y extendió la mano por costumbre.


Ovidio Pérez Martín (de 'poemas con honda', inédito)


(DE LA PÁGINA 19 DE LA REVISTA 'CAMINAR CONOCIENDO', NÚMERO 8 DE JULIO DE 2.000. ESTE POEMA APARECE ILUSTRADO CON LA FOTO DE UN CUADRO DEL PINTOR IRANÍ MODJGAN SHAJARIAN EN EL QUE APARECE UN ARTISTA TOCANDO LA GUITARRA Y EN EL FONDO DEL BOMBO DE LA GUITARRA HAY MUCHOS BILLETES)

MANUEL de la ESCALERA: 'Tercera Balada de la Cárcel de Burgos', relato carcelario (1)

2. Tercera balada de la cárcel de Burgos

por Manuel de la Escalera


Las losas son de cemento tipo Pórtland. Su superficie no es lisa. Hallándose aun fresco el cemento se pasó sobre él un rodillo con dientecillos metálicos. No están colocadas a nivel. Cu7atro sumideros ocupan el centro de cuatro cuadriláteros secundarios, los cuales forman, en conjunto, el gran cuadrilátero del patio, que mide 69 por 57 metros.

Los ejes de losas a nivel que, formando una cruz, parten de los puntos medios de los cuatro lados, se hallan 20 cms. más altas que dichos sumideros, de modo que, entre los brazos de la cruz, cuatro depresiones en forma de cubeta piramidal, en cuyo fondo está la losa a nivel donde se abren las ranuras del sumidero. Has este corren las aguas de la lluvia, del deshielo y del baldeo por una pendiente de dos grados.

Aunque este desnivel resulta apenas perceptible a la vista, tiene gran importancia para quienes han de pisar las losas diariamente durante años y años.

El patio consta de 6.587 losas. Las 153 de los ejes a nivel miden 60 x70 cms. Las 12 que van en declive, desde cada uno de los vértices del cuadrilátero secundario hasta el centro de este, es decir, hasta los sumideros 1’20x1’00. Las que forman un par de caras contrapuestas de cada cubeta piramidal, 65 cms. en cuadro. Las de sus otras dos caras son paralelográmicas y, cuando se hallan cortadas por las susodichas diagonales adquieren formas trapezoidales muy diversas y muy difíciles de medir. Esto mismo ocurre con algunas de las losas laterales. Las cuatro donde se abren los cuatro sumideros, son de forma hexagonal, y la situada en el centro del patio, en el cruce de los dos ejes, allí donde está el acceso a la gran atarjea de la prisión –con un sifón y dos rejas en su recorrido para imposibilitar al fuga- mide 2’80 metros, tanto de alto como de largo y tiene forma de cruz griega reforzada en el centro.

Todas las losas están separadas entre si por ranuras de 3 cms., las cuales no tiene solo una finalidad perspectiva e imitativa, sino que sirven para evitar que el cemento se agriete con las contracciones y dilataciones causadas por los cambios del tiempo y de temperatura. En realidad no son ranuras auténticas, como las que separan unas a otras a las losas de piedras, sino incisiones superficiales. Si miramos el suelo del patio desde sus lados más largos, estas ranuras quedan situadas al tresbolillo, salvo aquellas de las diagonales de los cuadriláteros secundarios, donde, por estar sesgadas las losas, sus ranuras, son paralelas y equidistantes entre si, como los tramos de una escalera, pero sesgadas con relación a las demás.

Entre las ranuras de las losas crecen musgos, hierbecillas y alguna que otra florecilla silvestre.

Manuel de la Escalera

TODOS LOS TEXTOS RELACIONADOS CON MANUEL DE LA ESCALERA ESTÁN EN LAS PÁGINAS 20 y 21 DE LA REVISTA ‘CAMINAR CONOCIENDO’, NÚMERO 8 DE JULIO DEL 2.000

MANUEL de la ESCALERA: 'Alba Diferida', relato (1)


1. Alba Diferida
Manuel de la Escalera

Todo esto vino de la guerra. Las guerras son siempre cosas de viejos. Pasan las horas hablando de las batallas, echándose unos a otros la culpa de la sangre derramada. Pero yo no hice la guerra. Ni la guerra ni nada. Entonces era sólo un niño que, con otros, palmoteaba cuando los pájaros de fuego dejaban caer sus huevos en el desierto. Bajaban silbando como serpientes aladas y trazando una curva como la meada de un chiquillo. Al tocar el suelo hacían brotar palmeras de arena entre humo y llamas. ¿Cómo no aplaudir? Pero nuestros padres nos maldecían y nos pegaban. Un día nuestra casa de crin ardió bajo el fuego del cielo y nuestros padres quedaron muertos junto a una camella desventrada, de cuyo cuerpo manaba sangre, agua y elche. Aischa y yo nos conocimos en un asilo, una cárcel cristiana para niños, y, por encima de la valla que nos separaba, cambiamos dátiles y besos. Decidimos fugarnos.


Manuel de la Escalera


(página 20 de la revista 'Caminar Conociendo', número 8 de julio de 2.000)

Carlos Aganzo: 'Silencio'

Silencio


de Carlos Aganzo





Silencio 1





Aquí, donde me ubico


el agua duerme quieta


en su sueño de octubre.


Un tren canta muy lejos


su ensalmo viajero.


Las voces llevan ecos


que ya no reconozco.








Aquí, donde me habito,


las nubes van despacio


para no ofender al aire.


Los días no tienen cifra.


Los pies están descalzos


de oro y vanidades.








Dejo caer los ojos


sobre el dulce horizonte


que precede al olvido.








Aquí, donde me pierdo,


un tren canta muy lejos,


su terne letanía.


¡Decidles que no vuelvo!


¡Decidles que he perdido


mi nombre en cualquier parte!








Mejor no decir nada.








Gana un paso la sombra.


La luz se acerca un paso.


Me instalo en el silencio.


Dejo pasar la tarde,


hasta el fondo, en la casa.





Silencio 2





Cinco segundos pido,


nada más, de silencio.


El tiempo suficiente


de ver cerrarse el mundo


sobre sus cien bisagras.


Cinco enteros segundos


de verdad, de alegría.


De oscuridad, de olvido...


El tiempo imprescindible


de pronunciar tu nombre,


de pronunciar el mío y dejarlos


sonando en el silencio.


No más. Cinco segundos.


Antes de abrir de nuevo las esclusas


de la vida o acaso


(¿no es igual?) de la muerte





DE LA PÁGINA 23 DE LA REVISTA 'CAMINAR CONOCIENDO', Nº 8 DE JULIO DE 2.000

martes, 27 de marzo de 2007

José González Torices: 'La Plenitud de la Ceguera'




Pero somos la luz, salmo de estrellas,


peregrinos del alba más gloriosa.


Nacimos de los astros y la risa


de algún dios juguetón una mañana.


Sin pedirlo nacimos, sin llorarlo


nos iremos de aquí como vinimos:


desnudos para amar más plenamente.


Volveremos al prado de la música


con un bolso repleto de candelas:


¿Cuánta luz cosechaste de los astros,


de la flor, de las aves, de los truenos?,


nos interrogarán cerrado el día.


Nosotros le diremos, ya cansados:


Yo no sé cuánta luz llevan mis ojos,


yo solo sé que amé lo suficiente.


¡Plenitud de ceguera, plenitud!





José González Torices es escritor. Director de la Editorial Castilla.

(de la página 24 de la revista 'Caminar conociendo' número 8 de julio del 2.000)

S. Montobbio: 'Manifiesto Inicial del Humanista'


La causa de las palabras, que para nada sirven,


o para vivir tan solo, es una causa pequeña.


Pero si cada día saebs con mayor certeza


que no solo repudias las coronas


sino que cada vez te dan más asco;


si en verdad no quieres hacer de tu ya arruinada inteligencia


una prostituta mercenaria que venda sus pechos o su alma


a cualquier hijastro del dinero o si, sencillamente,


poco necesitas y tan solo te importa soportar


con dignidad la vida y sus tristezas


mejor será que asumas desde ahora


la inevitable condena de la soledad y del fracaso


y que como luminoso o ciego abandono de estrellas


a esa pequeña, muy ridícula causa ya te abraces,


que del todo lo que hagas y que en tu habitación vacía


las palabras del fuego sean ceniza, que se asalten


y persigan, que tengan frío, en su noche


a solas, por decir tu nombre.




Santiago Montobbio




(en la página 24 de la revista 'Caminar Conociendo' número 8 de julio de 2.000)

lunes, 26 de marzo de 2007

Roberto Campo Porto: 'Al risco de Santa Ana'

Risco de Santa Ana (Las Navas del Marqués)

Monumento silente. Tosco islote.
Mojón que ignora todos los caminos.
Estela de ultratumba. Mazacote
exiliado del bosque y de los pinos.
Por tu arrabal de menhires amores
y juventud guiados por sus instintos
en tus huecos prometen nuevas flores:
tesoro divino en tus laberintos
que esconde sus nombres.
Busco agitado
tu cima, que está encima la emoción
de ser silueta abierta a la fracción
del sol en tu pezón fosilizado.
(Huellas del viento y del invierno crudo
hieren tu desnudez con fría escarcha)

Y un céfiro increpó: -Obelisco rudo,
que no puedes alcanzar mi suave marcha-.
Qué sereno le enseñas el arcano
destino que hallará su voz temprana:
-A qué tanto volar, vil tramontana,
si has de volver a mí cada verano-.

Viejo canchal, tu corazón se agrieta.
Al tiempo la humedad es enemigo.
¡Yo te haré temblar!; con pluma inquieta
versos haré para fingir tu abrigo;
y antes que duros soplen los afanes
de finales de siglo, que adivinos
presagien esparcir vientos divinos,
te vestirás con hilos de huracanes.

Tú eres dolmen y altar en la meseta,
atalaya y vigía a sierras bravas.
¡Dios te erigió en adorno de Las Navas
y en el templo caído anacoreta!

De pronto la noche, ese efímero nido,
la fuente remansa su agua, hay voces
en otro 'convento' ¡Oh ritos feroces!,
y sueñan tus piedras un verso dormido:
'Tu sombra juega en calles de durmientes,
la luna a tus roeles da su brillo,
y ante tanto esplendor dice entre dientes:
Dueño y Marqués eterno del Castillo'.

Roberto Campo Porto

(En la página 26 de la revista 'Caminar Conociendo', número 8 de julio de 2.000)