viernes, 27 de abril de 2007

Iswe Letu: Gure 1 y 2



Gure 1

Yo, tú,
nosotros,
nosotras
y vosotros
o vosotras,
somos
la misma
persona,
contándonos
la misma pena,
inútilmente,
como contamos
las estrellas.

Gure 2

Sin embargo,
torcemos
los versos
a la esperanza.

Es, dicen,
lo último
que se pierde
antes
de la muerte.

Después,
no se pierde
nada.

jueves, 26 de abril de 2007

Rabearivelo: Floresta

ALTA FORESTA

No vengo a saquear los frutos
que tú en tus cimas imposibles brindas
al pueblo de los astros, la tribu de los vientos;
menos a arrancar tus flores, que nunca he visto,
por vestir o esconder acaso, vergüenza que ignoro alguna,
yo, hijo de las áridas colinas.

Pero me he acordado de pronto en mi último sueño
que estaba amarrada todavía con lianas de noche
la vieja piragua de las fábulas
que cada día mi infancia transportaba
de orillas nocturnas a orillas del alba,
del cabo de la luna al promontorio del día.

Remándola vengo, aquí a tu centro, vegetal montaña.
A interrogar he venido tu silencio absoluto,
por saber el lugar donde brotan los vientos
antes de abrir las alas, después manchadas,
manchadas por la hebra inmensa del desierto
y las trampas de villas habitadas.

¿Qué oigo yo, qué veo, oh alta foresta?
Sonidos perdidos que confluyen y se pierden de nuevo
como ríos subterráneos
cruzados por enormes aves ciegas
que se lleva la corriente apresurada
a enterrarlas en el cieno.

Es tu respirar, tu respirar profundo
y ya penoso como aquel del viejo
que remonta la cuesta del recuerdo
mientras baja la pendiente de sus días por cesar.
Tu respirar, y el de las aves incontables,
y el de las ramas pacidas por todo un mundo de apocalipsis.

Mas ¿qué puedo ver yo en tu noche sin color,
en tu noche más eterna que la muerte de los probos
y la vida de los míseros,
oh caverna de follaje con un extremo acaso al borde de los mares
y otro en el abismo del horizonte,
oh tú, semejante a un arco iris entre dos continentes?

No veré sino el sol que se debate—jabalí alanceado en los bosques del azur—,
jabalí de luz atrapado en las redes poderosas
que tú tiendes entre los frutos maduros y las flores perdurables,
allá arriba, allá abajo, en el límite extremo
donde el genio de la tierra y la fuerza del árbol pueden reencontrarse.
Más tarde, sin embargo, cuando días incontables
cual tus hojas sucesivas hayan caído ya en la eternidad
y las séptuples noches tupido siete veces —más— la noche de los tiempos,
mientras pueda recoger en flor amaneceres
en la copa del tallo cercenado de ocasos,
guardaré el recuerdo siempre de tu silencio y claridad extraños.

Serán como guijarros arrojados a la arena
que un viejo marinero recupera
y se lleva a casa, y allí los pone junto a la concha
de una prao en miniatura
comprada en isla lejana que sólo el sueño habita,
mas con cabañas orillando el mar.

Serán más bien bolas de ébano,
de madera de rosa u otra esencia preciosa
que pondré sobre mi mesa
donde tu recuerdo las esculpa paciente
para hacer fetiches con ojos de vidrio,
fetiches silenciosos en medio de mis libros.

(Extraído del blog 'Africa _ log. Blog de literatura africana')
Ya teníamos otra traducción del mismo poema

Rabearivelo: Las tres aves


De hierro el ave, la de acero

habiendo lacerado las nubes de la aurora

y ansiado estrellas

más allá del día

desciende arrepentida

a artificial guarida.

De carne el ave, la de plumas,

que labra un túnel en el viento

por llegar hasta la luna vista en sueño

entre espesuras,

cae, cuando cae la tarde,

a laberinto de follaje.

Y esa otra inmaterial, ésa,

que al guardián del cráneo hechiza

con su canto balbuciente,

alas resonantes abre luego

y por hacerse eterna nuevamente

a pacificar va los espacios.


(Tomado del blog 'Africa _ log. Blog de literatura africana')

Rabearivelo: Cebú

CEBÚ

Cupular cual las urbes de Imerina
ostensibles allá en las colinas
o talladas a piel de roca;
con giba igual a los hastiales
que esculpe sobre el suelo la luna,
ved al toro potente y púrpura
del color de su sangre.

Ha bebido en los bordes de los ríos,
pacido de los cáctus y las lilas;
vedlo ahí yacer frente a la yuca
ahíto aún del perfume de la tierra,
y delante de las pajas arroceras
que a sol y a sombra hieden violentas.

La tarde lo ha cavado todo
y ya no queda horizonte.
El toro ve un desierto que se extiende
hasta fronteras de la noche.
Son sus cuernos un creciente
que asciende.

Desierto, desierto,
desierto frente al toro potente
extraviado con la tarde
en el reino del silencio,
¿qué evocas tú en tu duermevela?
¿Esos otros sin corcova
que son rojos como el polvo
que su tránsito eleva,
dueños de despobladas tierras?
¿O sus ancestros, que cebaban los labriegos
y llevaban a las villas con jaeces frutales,
en holocausto para el Rey?

Brinca, muge,
él, que morirá sin gloria,
luego dormita de nuevo, aguarda,
siendo del paisaje la joroba.

(Traducción tomada del blog 'Africa_log. Blog de literatura africana')

miércoles, 25 de abril de 2007

Iswe Letu: Te aguija

Kafka
¡Corre, adelanta,
que el tiempo
ni te aguarda,
ni te espera!

Una desazón te aguija,
te acañaverea.
¡Corre,
que té quedas
sin tiempo
con tu aflicción menuda
a cuestas!

Y Él te alcanza,
te aventaja,
te abandona
y desampara.
Te deja,
despiadado,
en la soledad más sola,
donde no hay
ni viento ni veredas.

¡Corre, trota,
que el tiempo
no te espera!

Y te aguija
y te acañaverea.

martes, 24 de abril de 2007

Alberti: Pradoluengo

Los gallos. Ya cantan.
¡Vamos! La alborada

Aguas de río,
que no de mar,
aún tenemos que pasar.

Ya cantan los gallos.
La alborada. ¡Vaamos!

Rafael Alberti

lunes, 23 de abril de 2007

Rosalía de Castro: Follas Novas


'...

que al contemplar, en las alboradas frescas

del mes de mayo, las sonrosadas luces

que alegres siempre a visitarle vienen

no diga: "¡Así cuando yo muera, pudiera

dormir en paz en este jardín florido

cerca del mar... del cementerio lejos!..."

¡Que tu no escuchas jamás! ¡Oh, Moore!

lloros amargos, quejumbrosos rezos..."


Rosalía de Castro

(En la tumba del general inglés sir John Moore)