mojammed jair- eddin - para una antología contra el racismo:
esta mañana el sol está maduro
y no dudo que haya terminado el invierno
se olvidaron los
sueños emplomados
los tenebrosos silos donde ni penetró un sueño
planchada
mi vida como una camisa nueva
mi vida lavada de sus estremecimientos
de los temores
del devenir
esta mañana el sol recorta en el vidrio
los oros verdes
jamás esperados
y caen en mis manos higos de Berbería
como en el hueco de los
peñascos que decían habitados
(+) Título nuestro
A la revista 'Caminar Conociendo', nº 8, se le han ido agregando escritos. Si desea ojear el número de ella retroceda hasta encontrar el índice, el staf o los titulares de la misma.
miércoles, 23 de enero de 2008
jueves, 17 de enero de 2008
Grafiteclo republicano
´´´´´´´´´´´.**..**.Hola! ¿K tal?
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España mañana será republicana
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España mañana será republicana
miércoles, 16 de enero de 2008
José Mª Amigo Zamorano: Recordando a Baroja
Recordando a Baroja
El tiempo invernal ha llegado casi de repente. Ayer, mediados de noviembre, estábamos paseando por la Ciudad Ducal y subimos al Mirador de Eiffel, luego, a la vuelta, pasamos por la herida que, en el bosque de pinos de Las Navas del Marqués, abrió, por ahora hace un año, la usura inmobiliaria.
(Se nos olvidaba decir que este pueblo abulense, Las Navas del Marqués, tiene en su término municipal un barrio, La Ciudad Ducal, de ricos prohombres, comenzado a hacer en tiempos del dictador Franco. No son tan ricos, por ejemplo, como como los del barrio de La Moraleja, cerca de Madrid, ni tan bien situado; porque allí, en La Moraleja, los ricos, los patronos y otras gentes de 'bien vivir', tienen sus mansiones cerca de sus propiedades: fábricas, oficinas, bancos...; y de sus esclavos modernos, los asalariados, y en un santiamén pueden llegar rápidamente; y, si se les sublevaran, por un casual, llamarían a la policía antidisturbios para restablecer inmediatamente el orden clasista.)
(De modo que el barrio de ricos de La Ciudad Ducal, en Las Navas del Marqués 'Ávila', es inferior, en ese sentido, ya que está a unos cien kilómetros de la capital de España y allí no hay fábricas. Además, en medio del trayecto, se halla el puerto de la Cruz Verde, dificil de atravesar cuando las nevadas y los hielos arrecian. )
(Pero, eso si, son ricos también. Y saben esconderse de las miradas ajenas. Mires por donde mires el paisaje, subas a cerros, escales altos o te encumbres en atalayas no encuentras atisbos de este rincón, ni señal de que existe; a no ser que te des de bruces o te metas entre los pinos, entonces, si, vas viendo aparecer sus chalés. )
En el centro mismo se halla una torre, el Mirador de Eiffel en honor de su diseñador: el mismo que hizo la torre de París.
A ratos hacía calor y no presagiaba la ola de viento y nieve que, en estos momentos, contemplamos desde la ventana de nuestra casa.
Fuimos a enseñarle esa torre a nuestros parientes que nos habían venido a visitar desde Euskadi y, a la vuelta de ese paseo, como ya hemos dicho, acudimos a enseñarle el desastre ecológico que perpetraron entre un tal Palomo (empresario de Alicante) y el Ayuntamiento de las Navas. Fue un desaguisado famoso en toda España. El primer escándalo inmobiliario que se aireó. Luego, el resto de escandalosas corrupciones inmobiliarias, vino a rachas y luego en ráfagas constantes. Hasta hoy.
Rachas y ráfagas de viento que, hoy, traen, a las hojas amarillentas de los árboles, de un lado para otro, las levantan, las arremolinan, las amontonan en rincones o las estampan contra las paredes o los parabrisas de los coches.
Nuestros parientes se quedaron asombrados de la cantidad de pinos desaparecidos en solo tres días: 4 o 5.000. ¡Con que rapidez eran arrancados, desbrozados y cortados en trozos por las máquinas...! Y si no hubiera sido por algunos vecinos del pueblo, ecologistas, medios de comunicación y la justicia, hubieran seguido talando el pinar. Tenían el propósito de llegar, en poco tiempo, hasta 40.000. Es el cálculo de árboles que contiene esa zona del bosque navero donde pensaban hacer un campo de golf, miles de casas y un hotel.
Por el camino el sol calentaba. Un contraste de ayer a hoy tremendo. Las gentes pasan apresuradamente. Algunos corren. Todos se tapan la cara intentando que la nevisca no acaricie su rostro.
Luego los jueces ya no habrían podido arguir defensa de la flora o de la fauna porque habría desaparecido todo bicho viviente. Y es que el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León había prohibido realizar obra alguna en esa zona por ser ZEPA es decir zona protegida para la defensa del medio ambiente. ¡No eran tontos el Palomo y los dirigentes del ayuntamiento pepero de Las Navas del Marqués!
Ya muy de mañana el cielo apareció plomizo. A ratos nevaba. El suelo relucía. Brillo acerado de frío. Temperatura bajo cero. Todo ser vivo ha encajado el cambio como ha podido. Unos mejor y otros muy malamente.
Silver, nuestro gato, ha salido a la terraza y al poco arañaba la puerta para que le abriéramos. No he ha gustado el viento que venía del norte.
Hemos recordado, mirando por la ventana a esos que intentan refugiarse de esta ola helada, un escrito de Pío Baroja en el cual, de una manera descarnada, cruel, con una mezquidad sorprendente, se vanagloriaba del frío que estaban pasando los mendigos por la calle porque así se sentía él mucho más a gusto al calor de su casa. Nosotros... no sentimos ese placer, ese gozo. También es cierto que no somos eminentes. Ni famosos escritores. Ni hemos vivido ese tiempo suyo en el que, quizá, la miseria, la pobreza, el hambre, el frío, provocaran esa reacción de placentera complacencia. Estos son otros tiempos.
Con esto no queremos tapar las crueldades de la sociedad de principios del siglo XXI. No. Los seres sin techo, de cuando en cuando, aparecen ateridos de frío por las aceras. O muertos. Los hay. ¿Para qué negarlo? Sería como negar que hay ricos y pobres. Sería como negar que unos animales se zampan a otros o negar que continuamente hay personas y animales en el mundo que mueren.
Lo decimos porque no hace falta ser un genio para ver la realidad y reconocer que, en el mundo, hay seres que no tienen techo y mueren. Insistimos en ello para que no puedan motejarnos de paniaguados realizando panégiricos de esta mierda de monarquía, de esta democracia capitalista. No, en absoluto, la mierda es mierda y huele que apesta. Nuestros sentidos están para algo.
Lo mismo que nuestro gato sentía el frío. Lo sentimos nosotros. Eso si, reconocemos que no es lo mismo, no lo sentimos con la misma viveza que el que no encuentra algún hueco, resquicio, ventana, alero, agujero... en un día, como el de hoy, en la calle: el frío, dentro de casa, no es el mismo que fuera, a la intemperie.
Nuestros ojos no se engañan. Vemos a la gente andar deprisa, subirse las solapas de los abrigos, cuando los tienen, ponerse guantes, gorros. Otros ir de puerta en puerta, acurrucarse formando un ovillo. Como se ovillaba, por otra causa, llorando, a la puerta del chalé, ayer, aquel niño caprichoso porque quería que su padre le comprara un caballo. Y su padre le decía que no se lo podía comprar porque estaban cerradas las caballerizas.
No es nada extraño que alguien que tenga frío intente resguardarse de él. Pero en la calle uno nos ha llamado la atención y a nuestro Silver, también. Se para un momento, solo un segundo y se traslada a otro resquicio. Siempre indeciso. De modo que apenas aguanta tres segundos, y no llegan, para regresar al punto de partida.
Ha arreciado el viento. Las banderas ondean agitadas con fuerza. Y las ramas de los árboles se agitan violentamente. Ahora el viento trae la nieve que es como arenilla. Da en la cara de las gentes que transitan, ahí, en la calle y su rostro se retuerce de dolor. La llaman rabia. Efectivamente es rabiosa. Casi aulla como el viento. De gozo al morder la carne.
Seguimos el ajetreo de ese que intenta cogerse a una obrigada. Hemos mirado al principio con curiosidad, luego con cierta inquietud, para desembocar nuestro espíritu en una cierta angustia. No querríamos estar en su pellejo. En varios segundos había cambiado de aposento varias veces. Se le veía cansado. No el cansancio de esos, a los que vimos en el barrio lujoso de La Ciudad Ducal, que llegaban sudando de correr varios kilómetros, por puro deporte, con sus chandales multicolores, relucientes. Y con la toalla al cuello. Tampoco el cansancio, de los que venían en sus bicicletas, se parecía a este cansancio. Aquel era producto del placer y este una lucha por la supervivencia.
El el viento, racheado, aumentaba por momentos. Daba en los cristales de nuestra ventana haciéndolos temblar. El gato de la casa miraba asombrado lo que ocurría fuera. Los pocos que pasaban por la calle lo hacía deprisa, sin mirar a ese que se movía con más lentitud cada vez, aunque la distancia era de pocos metros. Incluso cuando era arrastrado por el viento quedaba como desmadejado. Se le agotaban las fuerzas por momentos.
¿Por qué no se habría ido con los demás?... ¿Qué le obligó a quedarse ahí enfrente?... ¿Pensaría que algún otro podía venir a rescatarlo? ¡Inocente! A nadie le importaba nada. Los únicos interesado por su ir y venir éramos nosotros. ¡Ah!, y un gato callejero que estaba cerca de una alcantarilla.
Volvimos a recordar a Baroja. Lo sentimos. No embargaba nuestro morral espiritual ningún sentimiento de bienestar, alegría o gozo o placer, esta contemplación del sufrimiento de un ser vivo. Qué se le va a hacer. ¡Ojalá fuéramos como él!
Al final hizo un último esfuerzo, levantó el vuelo hacia un ventanal apoyándose en el viento, pero, con tan mala suerte que lo lanzó de bruces contra el cristal, cayendo en la acera, lo que aprovechó el gato para avalanzarse sobre el pardal o gorrión, llevándoselo entre los dientes.
Aún aleteaba cuando el minino se metió en el agujero de la alcantarilla.
-"Así es la vida, Don Juan", decía Machado.
Y recordando a su amada, añadía:
-"Y lo que yo más quería el viento se lo llevó".
El tiempo invernal ha llegado casi de repente. Ayer, mediados de noviembre, estábamos paseando por la Ciudad Ducal y subimos al Mirador de Eiffel, luego, a la vuelta, pasamos por la herida que, en el bosque de pinos de Las Navas del Marqués, abrió, por ahora hace un año, la usura inmobiliaria.
(Se nos olvidaba decir que este pueblo abulense, Las Navas del Marqués, tiene en su término municipal un barrio, La Ciudad Ducal, de ricos prohombres, comenzado a hacer en tiempos del dictador Franco. No son tan ricos, por ejemplo, como como los del barrio de La Moraleja, cerca de Madrid, ni tan bien situado; porque allí, en La Moraleja, los ricos, los patronos y otras gentes de 'bien vivir', tienen sus mansiones cerca de sus propiedades: fábricas, oficinas, bancos...; y de sus esclavos modernos, los asalariados, y en un santiamén pueden llegar rápidamente; y, si se les sublevaran, por un casual, llamarían a la policía antidisturbios para restablecer inmediatamente el orden clasista.)
(De modo que el barrio de ricos de La Ciudad Ducal, en Las Navas del Marqués 'Ávila', es inferior, en ese sentido, ya que está a unos cien kilómetros de la capital de España y allí no hay fábricas. Además, en medio del trayecto, se halla el puerto de la Cruz Verde, dificil de atravesar cuando las nevadas y los hielos arrecian. )
(Pero, eso si, son ricos también. Y saben esconderse de las miradas ajenas. Mires por donde mires el paisaje, subas a cerros, escales altos o te encumbres en atalayas no encuentras atisbos de este rincón, ni señal de que existe; a no ser que te des de bruces o te metas entre los pinos, entonces, si, vas viendo aparecer sus chalés. )
En el centro mismo se halla una torre, el Mirador de Eiffel en honor de su diseñador: el mismo que hizo la torre de París.
A ratos hacía calor y no presagiaba la ola de viento y nieve que, en estos momentos, contemplamos desde la ventana de nuestra casa.
Fuimos a enseñarle esa torre a nuestros parientes que nos habían venido a visitar desde Euskadi y, a la vuelta de ese paseo, como ya hemos dicho, acudimos a enseñarle el desastre ecológico que perpetraron entre un tal Palomo (empresario de Alicante) y el Ayuntamiento de las Navas. Fue un desaguisado famoso en toda España. El primer escándalo inmobiliario que se aireó. Luego, el resto de escandalosas corrupciones inmobiliarias, vino a rachas y luego en ráfagas constantes. Hasta hoy.
Rachas y ráfagas de viento que, hoy, traen, a las hojas amarillentas de los árboles, de un lado para otro, las levantan, las arremolinan, las amontonan en rincones o las estampan contra las paredes o los parabrisas de los coches.
Nuestros parientes se quedaron asombrados de la cantidad de pinos desaparecidos en solo tres días: 4 o 5.000. ¡Con que rapidez eran arrancados, desbrozados y cortados en trozos por las máquinas...! Y si no hubiera sido por algunos vecinos del pueblo, ecologistas, medios de comunicación y la justicia, hubieran seguido talando el pinar. Tenían el propósito de llegar, en poco tiempo, hasta 40.000. Es el cálculo de árboles que contiene esa zona del bosque navero donde pensaban hacer un campo de golf, miles de casas y un hotel.
Por el camino el sol calentaba. Un contraste de ayer a hoy tremendo. Las gentes pasan apresuradamente. Algunos corren. Todos se tapan la cara intentando que la nevisca no acaricie su rostro.
Luego los jueces ya no habrían podido arguir defensa de la flora o de la fauna porque habría desaparecido todo bicho viviente. Y es que el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León había prohibido realizar obra alguna en esa zona por ser ZEPA es decir zona protegida para la defensa del medio ambiente. ¡No eran tontos el Palomo y los dirigentes del ayuntamiento pepero de Las Navas del Marqués!
Ya muy de mañana el cielo apareció plomizo. A ratos nevaba. El suelo relucía. Brillo acerado de frío. Temperatura bajo cero. Todo ser vivo ha encajado el cambio como ha podido. Unos mejor y otros muy malamente.
Silver, nuestro gato, ha salido a la terraza y al poco arañaba la puerta para que le abriéramos. No he ha gustado el viento que venía del norte.
Hemos recordado, mirando por la ventana a esos que intentan refugiarse de esta ola helada, un escrito de Pío Baroja en el cual, de una manera descarnada, cruel, con una mezquidad sorprendente, se vanagloriaba del frío que estaban pasando los mendigos por la calle porque así se sentía él mucho más a gusto al calor de su casa. Nosotros... no sentimos ese placer, ese gozo. También es cierto que no somos eminentes. Ni famosos escritores. Ni hemos vivido ese tiempo suyo en el que, quizá, la miseria, la pobreza, el hambre, el frío, provocaran esa reacción de placentera complacencia. Estos son otros tiempos.
Con esto no queremos tapar las crueldades de la sociedad de principios del siglo XXI. No. Los seres sin techo, de cuando en cuando, aparecen ateridos de frío por las aceras. O muertos. Los hay. ¿Para qué negarlo? Sería como negar que hay ricos y pobres. Sería como negar que unos animales se zampan a otros o negar que continuamente hay personas y animales en el mundo que mueren.
Lo decimos porque no hace falta ser un genio para ver la realidad y reconocer que, en el mundo, hay seres que no tienen techo y mueren. Insistimos en ello para que no puedan motejarnos de paniaguados realizando panégiricos de esta mierda de monarquía, de esta democracia capitalista. No, en absoluto, la mierda es mierda y huele que apesta. Nuestros sentidos están para algo.
Lo mismo que nuestro gato sentía el frío. Lo sentimos nosotros. Eso si, reconocemos que no es lo mismo, no lo sentimos con la misma viveza que el que no encuentra algún hueco, resquicio, ventana, alero, agujero... en un día, como el de hoy, en la calle: el frío, dentro de casa, no es el mismo que fuera, a la intemperie.
Nuestros ojos no se engañan. Vemos a la gente andar deprisa, subirse las solapas de los abrigos, cuando los tienen, ponerse guantes, gorros. Otros ir de puerta en puerta, acurrucarse formando un ovillo. Como se ovillaba, por otra causa, llorando, a la puerta del chalé, ayer, aquel niño caprichoso porque quería que su padre le comprara un caballo. Y su padre le decía que no se lo podía comprar porque estaban cerradas las caballerizas.
No es nada extraño que alguien que tenga frío intente resguardarse de él. Pero en la calle uno nos ha llamado la atención y a nuestro Silver, también. Se para un momento, solo un segundo y se traslada a otro resquicio. Siempre indeciso. De modo que apenas aguanta tres segundos, y no llegan, para regresar al punto de partida.
Ha arreciado el viento. Las banderas ondean agitadas con fuerza. Y las ramas de los árboles se agitan violentamente. Ahora el viento trae la nieve que es como arenilla. Da en la cara de las gentes que transitan, ahí, en la calle y su rostro se retuerce de dolor. La llaman rabia. Efectivamente es rabiosa. Casi aulla como el viento. De gozo al morder la carne.
Seguimos el ajetreo de ese que intenta cogerse a una obrigada. Hemos mirado al principio con curiosidad, luego con cierta inquietud, para desembocar nuestro espíritu en una cierta angustia. No querríamos estar en su pellejo. En varios segundos había cambiado de aposento varias veces. Se le veía cansado. No el cansancio de esos, a los que vimos en el barrio lujoso de La Ciudad Ducal, que llegaban sudando de correr varios kilómetros, por puro deporte, con sus chandales multicolores, relucientes. Y con la toalla al cuello. Tampoco el cansancio, de los que venían en sus bicicletas, se parecía a este cansancio. Aquel era producto del placer y este una lucha por la supervivencia.
El el viento, racheado, aumentaba por momentos. Daba en los cristales de nuestra ventana haciéndolos temblar. El gato de la casa miraba asombrado lo que ocurría fuera. Los pocos que pasaban por la calle lo hacía deprisa, sin mirar a ese que se movía con más lentitud cada vez, aunque la distancia era de pocos metros. Incluso cuando era arrastrado por el viento quedaba como desmadejado. Se le agotaban las fuerzas por momentos.
¿Por qué no se habría ido con los demás?... ¿Qué le obligó a quedarse ahí enfrente?... ¿Pensaría que algún otro podía venir a rescatarlo? ¡Inocente! A nadie le importaba nada. Los únicos interesado por su ir y venir éramos nosotros. ¡Ah!, y un gato callejero que estaba cerca de una alcantarilla.
Volvimos a recordar a Baroja. Lo sentimos. No embargaba nuestro morral espiritual ningún sentimiento de bienestar, alegría o gozo o placer, esta contemplación del sufrimiento de un ser vivo. Qué se le va a hacer. ¡Ojalá fuéramos como él!
Al final hizo un último esfuerzo, levantó el vuelo hacia un ventanal apoyándose en el viento, pero, con tan mala suerte que lo lanzó de bruces contra el cristal, cayendo en la acera, lo que aprovechó el gato para avalanzarse sobre el pardal o gorrión, llevándoselo entre los dientes.
Aún aleteaba cuando el minino se metió en el agujero de la alcantarilla.
-"Así es la vida, Don Juan", decía Machado.
Y recordando a su amada, añadía:
-"Y lo que yo más quería el viento se lo llevó".
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jueves, 3 de enero de 2008
Jacinto Barrios: "Aquí Pekín, habla Pekín"
china-radio (crónica) 03-10-2006
Cincuenta años después Radio China recuerda 5 exiliados españoles
La frase 'Aquí Pekín, habla Pekín' saltó al mundo de la onda corta cuando en 1956 el Gobierno chino invitó a cinco exiliados españoles en Rusia para crear la sección en español de Radio Internacional de China, cuyo 50 aniversario acaba de celebrarse.
Estos cinco exiliados, hoy todos fallecidos, estaban encabezados por Jacinto Barrios, que ya se había hecho famoso como locutor en sus tiempos de 'Radio Moscú'.
'Barrios, su esposa Pura Aznar, Irene Falcón (secretaria de la líder comunista española Dolores Ibárruri), Ketty Rodríguez, Teresa y yo teníamos el ruso como idioma común, y a él traducíamos los textos que se leerían en español', recuerda Lucía Yao Yuexin, coordinadora del equipo y única superviviente.
Los cinco españoles, exiliados en Rusia tras la Guerra Civil, llegaron a Pekín en julio de 1955 a invitación del Partido Comunista de China (PCCh) y pronto se pusieron a trabajar en el 'programa cero' que ya se abrió con la fórmula inventada por Barrios.
'Media hora al día, con noticias y asuntos culturales, Barrios salía al aire con gran profesionalidad y una bella voz muy sonora, leyendo en español los textos escritos en ruso', recordó Yao en la celebración del 50 aniversario de la sección.
'Eran internacionalistas que querían ayudar a China y vivían en condiciones muy modestas. Barrios y Pura tenían cuatro hijos, las demás eran solteras', recuerda emocionada.
La triple traducción (todos sabían ruso y Lucía no sabía español aunque después se convertiría en la primera locutora en portugués) era muy laboriosa 'y no teníamos tiempo ni de salir a comer'.
'Ketty solía llevarse al trabajo pan con mantequilla. Era un equipo de amigos, muy trabajador y animado en el que no faltaban bellas canciones españolas que ellos entonaban con alegría en recuerdo de su país al que sabían tardarían en volver', añadió.'
....Eres alta y delgada morena salada como tu madre...morena salada...como tu madre...bendita sea la rama que al tronco sale morena salada...que al tronco sale morena salada...', entonó Yao emocionada al recordar que Ketty, la más cantarina de todos, se la enseñó.
'Barrios me llamaba 'su brazo derecho' y me regaló este abanico que conservo con orgullo', dice Yao en una mezcla de chino, portugués y español.
Todos desaparecidos, Yao volvió a ver a Ketty en 1987 cuando ésta viajó a Pekín para el cuadragésimo aniversario de la sección de la emisora y conserva la amistad de algunos hijos, como Lolita Barrios, que viajó a China en 2001 para estudiar acupuntura.
Lemas que se hicieron famosos como 'China construye', 'Cultura China' o el conocido 'Aquí Pekín, Habla Pekín', luego cambiado por el 'Aquí Beijing', alimentan los recuerdos de Yao desde que se jubiló en 1987.
Con el tiempo la sección creció con la incorporación periódica de numerosos expertos españoles o latinoamericanos y jóvenes chinos conocedores de la lengua de Cervantes, 'y con contenidos diferentes por la política de reforma y apertura', dijo a Efe su director, Hu Min.
'Ya no difundimos en la Radio (1.700 empleados, 25 de ellos en la sección de español) el pensamiento de Mao o contenidos políticos como en la Revolución Cultural, sino que damos a conocer cómo es la Nueva China y su construcción a fin de acercar los pueblos', añadió.
El director desde hace dos décadas y la veterana locutora Elena Wang Youzheng, ya jubilada, recordaron con emoción 'la exigencia profesional de los internacionalistas que enseñaron a sus colegas chinos a hacer radio, pero también su humanidad, que les llevaba a ocuparse de ellos si caían enfermos'.
Programas como 'Relato de un vigilante del orden público. Cómo se vivía en la vieja China y cómo se vive hoy' (1958) o 'Poesía lírica del chino Li Di' (1959) quedaron atrás y aparecieron otros como los concursos sobre la Historia de China que prueban la vitalidad de la sección transmitida en onda corta.
'Recibimos unas 1.500 cartas al mes de unos 50 países con opiniones, sugerencias y críticas, pero también consultas sobre lo que está sucediendo en China', afirmó Verónica Jiang Lu, responsable de la correspondencia desde hace dos años.
Hu y Jiang reconocieron que la fuerte emigración de ciudadanos chinos a todo el mundo, muchos de ellos instalados en países que hablan español, les ha dado una audiencia renovada.
'Ponemos música conocida de las Ketchup, Serrat, Shakira, la Tropa Colombiana u Oscar Benito, entre otros, y nuestras emisiones son de las más importantes de los 38 idiomas en que emite Radio Internacional de China con tres de las 30 corresponsalías en América Latina: México, Buenos Aires y Río de Janeiro', concluyó Hu.
Terra Actualidad - EFE
Cincuenta años después Radio China recuerda 5 exiliados españoles
La frase 'Aquí Pekín, habla Pekín' saltó al mundo de la onda corta cuando en 1956 el Gobierno chino invitó a cinco exiliados españoles en Rusia para crear la sección en español de Radio Internacional de China, cuyo 50 aniversario acaba de celebrarse.
Estos cinco exiliados, hoy todos fallecidos, estaban encabezados por Jacinto Barrios, que ya se había hecho famoso como locutor en sus tiempos de 'Radio Moscú'.
'Barrios, su esposa Pura Aznar, Irene Falcón (secretaria de la líder comunista española Dolores Ibárruri), Ketty Rodríguez, Teresa y yo teníamos el ruso como idioma común, y a él traducíamos los textos que se leerían en español', recuerda Lucía Yao Yuexin, coordinadora del equipo y única superviviente.
Los cinco españoles, exiliados en Rusia tras la Guerra Civil, llegaron a Pekín en julio de 1955 a invitación del Partido Comunista de China (PCCh) y pronto se pusieron a trabajar en el 'programa cero' que ya se abrió con la fórmula inventada por Barrios.
'Media hora al día, con noticias y asuntos culturales, Barrios salía al aire con gran profesionalidad y una bella voz muy sonora, leyendo en español los textos escritos en ruso', recordó Yao en la celebración del 50 aniversario de la sección.
'Eran internacionalistas que querían ayudar a China y vivían en condiciones muy modestas. Barrios y Pura tenían cuatro hijos, las demás eran solteras', recuerda emocionada.
La triple traducción (todos sabían ruso y Lucía no sabía español aunque después se convertiría en la primera locutora en portugués) era muy laboriosa 'y no teníamos tiempo ni de salir a comer'.
'Ketty solía llevarse al trabajo pan con mantequilla. Era un equipo de amigos, muy trabajador y animado en el que no faltaban bellas canciones españolas que ellos entonaban con alegría en recuerdo de su país al que sabían tardarían en volver', añadió.'
....Eres alta y delgada morena salada como tu madre...morena salada...como tu madre...bendita sea la rama que al tronco sale morena salada...que al tronco sale morena salada...', entonó Yao emocionada al recordar que Ketty, la más cantarina de todos, se la enseñó.
'Barrios me llamaba 'su brazo derecho' y me regaló este abanico que conservo con orgullo', dice Yao en una mezcla de chino, portugués y español.
Todos desaparecidos, Yao volvió a ver a Ketty en 1987 cuando ésta viajó a Pekín para el cuadragésimo aniversario de la sección de la emisora y conserva la amistad de algunos hijos, como Lolita Barrios, que viajó a China en 2001 para estudiar acupuntura.
Lemas que se hicieron famosos como 'China construye', 'Cultura China' o el conocido 'Aquí Pekín, Habla Pekín', luego cambiado por el 'Aquí Beijing', alimentan los recuerdos de Yao desde que se jubiló en 1987.
Con el tiempo la sección creció con la incorporación periódica de numerosos expertos españoles o latinoamericanos y jóvenes chinos conocedores de la lengua de Cervantes, 'y con contenidos diferentes por la política de reforma y apertura', dijo a Efe su director, Hu Min.
'Ya no difundimos en la Radio (1.700 empleados, 25 de ellos en la sección de español) el pensamiento de Mao o contenidos políticos como en la Revolución Cultural, sino que damos a conocer cómo es la Nueva China y su construcción a fin de acercar los pueblos', añadió.
El director desde hace dos décadas y la veterana locutora Elena Wang Youzheng, ya jubilada, recordaron con emoción 'la exigencia profesional de los internacionalistas que enseñaron a sus colegas chinos a hacer radio, pero también su humanidad, que les llevaba a ocuparse de ellos si caían enfermos'.
Programas como 'Relato de un vigilante del orden público. Cómo se vivía en la vieja China y cómo se vive hoy' (1958) o 'Poesía lírica del chino Li Di' (1959) quedaron atrás y aparecieron otros como los concursos sobre la Historia de China que prueban la vitalidad de la sección transmitida en onda corta.
'Recibimos unas 1.500 cartas al mes de unos 50 países con opiniones, sugerencias y críticas, pero también consultas sobre lo que está sucediendo en China', afirmó Verónica Jiang Lu, responsable de la correspondencia desde hace dos años.
Hu y Jiang reconocieron que la fuerte emigración de ciudadanos chinos a todo el mundo, muchos de ellos instalados en países que hablan español, les ha dado una audiencia renovada.
'Ponemos música conocida de las Ketchup, Serrat, Shakira, la Tropa Colombiana u Oscar Benito, entre otros, y nuestras emisiones son de las más importantes de los 38 idiomas en que emite Radio Internacional de China con tres de las 30 corresponsalías en América Latina: México, Buenos Aires y Río de Janeiro', concluyó Hu.
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miércoles, 19 de diciembre de 2007
Shelley: ADONAIS (elegía a la muerte de John Keats)
Cuál enjuagó los delicados miembros
desde la norma de estelar rocío
y embalsamó su cuerpo; cuál ceñía
a sus rizos espesos la anadema
como depositando una corona
engastada con perlas de su llanto;
cuál quebrantó las flechas, rompió el arco,
consciente del dolor que la oprimía,
atajando con pérdida más débil
la pérdida mayor amortuguando
el fuego agudo contra el rostro frío.
(adaptación de Altolaguirre)
desde la norma de estelar rocío
y embalsamó su cuerpo; cuál ceñía
a sus rizos espesos la anadema
como depositando una corona
engastada con perlas de su llanto;
cuál quebrantó las flechas, rompió el arco,
consciente del dolor que la oprimía,
atajando con pérdida más débil
la pérdida mayor amortuguando
el fuego agudo contra el rostro frío.
(adaptación de Altolaguirre)
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Shelley
martes, 11 de diciembre de 2007
José Mª Amigo Zamorano y el 'Album familar' de Urbano Blanco Cea
Los poetas del camino, los poetas andariegos, los romeros (León Felipe, Machado) ven al mundo con la mirada de alguien que quiere echar alguna vez el ancla. Tener un hogar confortable y sentarse junto al fuego del hogar, al abrigo del frío, con rechizos de leña encendidos, al tiempo que acarician a sus lebreles de caza que dormitan acunados por el fuego, por esa lumbre que chisporrotea, ahí cerca. Solo el espíritu inquieto le hace levantarse y proseguir su andadura. Es un mundo visto desde fuera al que las gentes invitan, en un rasgo de hospitalidad, a entrar en la casa.
Allí contemplan el dolor de los hijos por la muerte de sus progenitores. Ven sus arrugadas frentes oscurecidas por la tristeza del ser amado que se ha ido para no volver jamás. El llanto corre de estancia en estancia. Se fue "la fortaleza de la madre" y "la mansedumbre del padre". El fuego también es testigo del dolor. Y testigo de las condolencias de los amigos y vecinos que, a ambos lados del pasillo, se alinean apoyadas las espaldas contra la pared.
En su poemarío 'El Alijar jara en flor', libro de poemas de Urbano Blanco Cea, que ya hemos comentado en otras ocasiones, hay una parte que rotula con el título 'Reunidos junto al fuego (del album familiar)' comienza narrando su dolor en el poema 'Padre contrito' en el que dice: "Miera de hiel incandescente/se desliza corrosiva por mis venas".
Como los poetas romeros (no de romerías) Urbano Blanco Cea regresa de cuando en cuando a la vieja heredad, recuerda el fuego que concita y reune a las familias en momentos transcendentes, y la muerte es uno de ellos; más el fuego es más multilateral, siendo, por ejemplo, testigo de la llegada del abuelo, de la madre, del hermano, del hijo: "Has llegado y parece que se han abierto los postigos" a la alegría, a la risa...
Es lo que él llama "un hogar tranquilo, una casa sencilla"; todo ello recuerdo de los familiares como un bálsamo: "El amor que sabe a luz". Y ante eso el fuego estalla en risas, avivándose y chisporroteando. Podemos decir, como Urbano: "Yo sé bien que tu vida es poesíaU un poema logrado verso a beso". "Tu tienes el poder de abrir el aire". Tanto que hasta sabe que "los mayores solo quieren/que alguien les escuche". Y, escuchando, aprender que la vida es lucha.
Los sentimientos se expresan con más claridad en esa intimidad que proporciona una reunión en torno al fuego del hogar. Y aquella mujer, anciana, al que todos escucharon, lo dijo también a la vera del fuego, con claridad meridiana, para que nadie crea que todo es de color de rosas: Mira mis manos, "son manos de bondad, pero por ellos (por mis hijos) dispuestas a luchar, no sé que harían". Y "llegaba el silencio". Los poetas del camino se levantan. Han visto y han oído. Saludan a Urbano Blanco Cea y prosiguen su camino. "Nihil novum sub sole".
Allí contemplan el dolor de los hijos por la muerte de sus progenitores. Ven sus arrugadas frentes oscurecidas por la tristeza del ser amado que se ha ido para no volver jamás. El llanto corre de estancia en estancia. Se fue "la fortaleza de la madre" y "la mansedumbre del padre". El fuego también es testigo del dolor. Y testigo de las condolencias de los amigos y vecinos que, a ambos lados del pasillo, se alinean apoyadas las espaldas contra la pared.
En su poemarío 'El Alijar jara en flor', libro de poemas de Urbano Blanco Cea, que ya hemos comentado en otras ocasiones, hay una parte que rotula con el título 'Reunidos junto al fuego (del album familiar)' comienza narrando su dolor en el poema 'Padre contrito' en el que dice: "Miera de hiel incandescente/se desliza corrosiva por mis venas".
Como los poetas romeros (no de romerías) Urbano Blanco Cea regresa de cuando en cuando a la vieja heredad, recuerda el fuego que concita y reune a las familias en momentos transcendentes, y la muerte es uno de ellos; más el fuego es más multilateral, siendo, por ejemplo, testigo de la llegada del abuelo, de la madre, del hermano, del hijo: "Has llegado y parece que se han abierto los postigos" a la alegría, a la risa...
Es lo que él llama "un hogar tranquilo, una casa sencilla"; todo ello recuerdo de los familiares como un bálsamo: "El amor que sabe a luz". Y ante eso el fuego estalla en risas, avivándose y chisporroteando. Podemos decir, como Urbano: "Yo sé bien que tu vida es poesíaU un poema logrado verso a beso". "Tu tienes el poder de abrir el aire". Tanto que hasta sabe que "los mayores solo quieren/que alguien les escuche". Y, escuchando, aprender que la vida es lucha.
Los sentimientos se expresan con más claridad en esa intimidad que proporciona una reunión en torno al fuego del hogar. Y aquella mujer, anciana, al que todos escucharon, lo dijo también a la vera del fuego, con claridad meridiana, para que nadie crea que todo es de color de rosas: Mira mis manos, "son manos de bondad, pero por ellos (por mis hijos) dispuestas a luchar, no sé que harían". Y "llegaba el silencio". Los poetas del camino se levantan. Han visto y han oído. Saludan a Urbano Blanco Cea y prosiguen su camino. "Nihil novum sub sole".
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Poesía castellana,
Urbano Blanco Cea
sábado, 8 de diciembre de 2007
Blancho Chivite reseña 'La década oscura'
Reseña:
Título: La década oscura (1940-1950)
Autor: Luis Garrido
Editorial: VOSA
Ciudad: Madrid
Año: 1994
(donado por el Ayuntamiento de Las Navas a su biblioteca pública)
Título: La década oscura (1940-1950)
Autor: Luis Garrido
Editorial: VOSA
Ciudad: Madrid
Año: 1994
(donado por el Ayuntamiento de Las Navas a su biblioteca pública)
La 'Década oscura' comienza en Las Navas del Marqués y nos habla del tiempo y el lugar en el que aconteció su origen –el de Luis Garrido, su autor- su nacimiento al trabajo, a los libros y a la escritura: la España de 1940 a 1950. E incluso, antes, cuando Genaro, el ganadero de Las Navas, encuentra ‘caminando por la carretera a un mozalbete que huye de los borregos’. Son recuerdos grises tirando en demasiadas ocasiones a negros, matizados por el ansia de vida y saber de un muchacho dedicado desde los trece años a ganarse los garbanzos y aprender por el viejo método de ‘compóntelas como puedas’.
La vida de Luis Garrido ha sido trabajo, duro trabajo, escritura y libros. Libros en el más amplio y completo sentido de la palabra: los ha escrito, editado, vendido… Librero desde hace muchos años, lo sabe casi todo del mundo del libro.
Pero, sobre todo, es escritor. Su obra ha sido juzgada, criticada, justamente elogiada y reconocida en cada nueva entrega. Sus novelas y libros autobiográficos se sitúan en la gran tradición novelística española que va desde Cervantes y la picaresca a Galdós, Baroja y a los grandes narradores de fondo de hoy día.
Allí, en la calle Hermosilla, de Madrid, tiene su librería Luis GARRIDO. Madrugador e inquieto, se ha hecho, durante años, sus diez o doce folios diarios. Allí fue destilando los recuerdos de ‘La década oscura’, ‘aquella época’ ominosa, fatal, triste, de gris y de sangre…
‘Era una época difícil… solo con que alguien pareciese policía te echabas a temblar…’.
Si se cantaba era ‘porque cantar siempre ayuda a pasar calamidades’. Tiempos en que ni Caperucita ni los pimientos podían ser rojos, sino ‘colorados’; en los que se apreciaba un número capicúa en el billete del tranvía porque… ‘la única esperanza de mejora para la gente era la suerte y un capicúa se tomaba como símbolo de un afortunado presagio’.
De ‘aquella época’, de aquellos trabajos, de aquellos temores –‘ten cuidado, hijo, ya ves lo que la ha pasado a tu padre’- de aquellos silencios a hierro y fusil, de aquellos sudores anónimos, ha extraído Luis Garrido este libro. Nos cuenta su vida, sólo eso, nada menos que eso, y lo cuenta bien, construyendo cuidadosamente, línea a línea, un fresco traspasado de sangre, carne y hueso, voces, risas…
En la ‘Década oscura’ están los menos importantes, aquellos de quienes nadie habla a no ser, de tarde en tarde, algún escritor o algún poeta. Gentes sometidas, las que solo contaban para trabajar, producir y callar… las más importantes, las que levantaron el país y, de paso, sobre su esfuerzo, se hicieron las grandes fortunas del franquismo.
En esa década, pues, se fraguó la vocación y la voluntad de futuro de Luis Garrido y el carácter de un hombre trabajador, tenaz y sumamente observador con una memoria admirable, gracias a la cual, casi medio siglo después, ha podido darnos estas páginas.
Páginas que son el grito de ‘tantos jóvenes frustrados en sus estudios, en sus oportunidades, en sus posibilidades de futuro’, en unos momentos en que todo, cultura, canciones, cine, tebeos, cuentos infantiles, periódicos, NODO, discursos políticos, ‘encubría la realidad y el que trabajaba recibía migajas y los que estaban en la cima se comían el pastel’.
Luis Garrido a los 13, a los 14, a los 15 años, cuando recorría Madrid para ir a trabajar, tenía a su padre preso en la cárcel de Burgos, por política, claro está. Inició su andadura bajo el signo del trabajo precoz y aún hoy sigue en el tajo. no es mala síntesis.
‘Mi generación –escribe al final- se pasó la vida reconstruyendo sin tener apenas tiempo de juzgar si era buena o mala su actitud’.
Tampoco a nosotros nos toca juzgar; lo que la generación de Luis Garrido hizo posibilitó casi todo lo vino después, quizá todo. Y en este caso, y en nuestro país, si se puede decir que cualquier tiempo pasado (entre 1939 y 1975) fue peor; aunque, para muchos vaqueros de Las Navas del Marqués, ahora, el viento del Mercado Común Europeo le haya aventado parte –si no toda- de la cabaña ganadera.
Manuel Blanco Chivite, editor, periodista, autor de numerosas novelas, sobre todo negras, estuvo condenado a muerte en 1975 por el franquismo.
SE PUEDE LEER EN LA PÁGINA 26 DE LA REVISTA ‘CAMINAR CONOCIENDO’ NÚMERO 5 DE JULIO DE 1996
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