jueves, 19 de abril de 2007

PAZ DÍEZ-TABOADA: 'Invitación al Viaje'

Invitación al Viaje
por Paz Díaz-Taboada
Tal y como están las cosas a primeros meses del nuevo siglo, parece que lo mejor y casi lo único sensato que se puede hacer es emprender un viaje. Pero, en vista de lo ppeligroso del tránsito en la carretera y del alterado ánimo de los pilotos, mejor será irse en épico barco o en el romántico tren que en los modernos coche o avión. Y aunque, de una forma u otra, tampoco es muy probable que regresemos en condiciones óptimas, siempre nos quedará el consuelo de decir '¡que nos quiten los bailado¡'.


De viaje. Hay que irse de viaje, y el literario es el mejor y el menos arriesgado, si, como debemos hacer por salud mental y lingüística, sólo nos proponemos leer obras de calidad garantizada, dejando de lado amañados premios e interesada propaganda editorial y/o periodística. Pues, en cualquiera de sus manifestaciones, y tanto para quien la escribe como para quien se apresta a la deliciosa aventura de leer, en literatura todo es viaje.


En primer lugar, porque quizá sea el viaje uno de los más antiguos y potentes símbolos literarios; y, desde luego, de viajes y de viajeros está cruzada y poblada toda la literatura: el del hitita Gilgamesh en busca de la inmortalidad, el del hindú Rama a recuperar a su esposa Sita de las garras del demonio Ravana; el de Orfeo al Hades -el inferus o casa de los muertos- también en busca de su esposa Eurídice; el de Ulises de regreso a Ítaca, en donde le esperan su fiel Penélope y su hijo Telémaco, o el del hebreo Moisés, guía de su pueblo en la larga travesía del desierto, para poder llegar algún día a Canaán, la tierra prometida... Y Ruiz Díaz, el castellano desterrado, batallando por adustas tierras y en busca de su honra, o el manchego Caballero de la Triste Figura en busca de felones y malandrines con los que medir su lanza y su ideal, hasta ser derrotado en Barcelona...


Fueron los románticos los que nos enseñaron a escapar; pues ellos, que inventaron el viaje de placer y el turismo, devanaron toda la madeja de su literatura en los más variados hilos viajeros: viaje a tierras exóticas o a las más recónditas del propio país, a donde se mantengan incólumes las viejas tradiciones y las castizas costumbres; viaje al pasado histórico o legendario, o al misterioso futuro inexplicable; viaje al interior de uno mismo, al mundo de sueños y en sueños, o al misterio de la tumba y de la muerte, al Más Allá... Viajes, viajes, viajes...


La invitación al viaje es un viejo tema literario que, claro está, tomó nuevo auge en el romantiscismo y que el simbolismo y escuelas posteriores heredaron. La puesta en boga se debió a Johan Wolfgang Goethe, que, en su novela Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister (1795), incluyó una balada que, desgajada de la obra, pronto fue traducida al francés y popularizada como 'La chanson de Mignon':





'-¿conoces el país do medra el limonero


y doradas naranjas bajo la parra brillan?


Del cielo azul un leve céfiro se desprende;


plácido el arrayán y altivo el laurel vibran.


¿Conoces el país?, dime. 'Oh, si, allá


contigo, amado mío, quisiera yo volar...





A esta balada aludió el poeta francés Théophile Gautier en Albertus ou l'âme et le peché, légende théologique (1833), poema lúgubre en el que, dirigiéndose a un 'pintor poeta', trata de hacerle olvidar





'ese país encantado del que la Mignon de Goethe,


estremecida, se acuerda, y le habla a su Wilhelm;


ese país del sol en donde los limones maduran,


en donde nuevos jazmines continuamente se expanden...;





así que, como dice explícitamente, es necesario trocar 'Nápoles por Amsterdam...'.


Tanto en 'L'invitation au voyage', poema LIII de Les fleurs du mal (1857), dedicado quizá a su amante Marie Dubran -aunque la más célebre fue la mulata Jeanne Duval-, como en el XVIII y homónimo de los Petits poëmes en prose (1857-1967), Baudelaire siguió fielmente el consejo que su admirado Gautier le daba al 'pintor y poeta'; y olvidó las soleadas tierras sureñas del limonero y del naranjo por las nórdicas y brumosas flamencas. Como el mismo dijo en el prólogo de esta obra, dirigido a su amigo el editor Arsène Houssaye, la idea de componerle le asaltó hojeando Gaspar de la Nuit (1842) de Aloysius Bertrand, desconocido entonces y hoy olvidado, del que yo traté en el número 7 de 'Caminar Conociendo' recordándolo como el creador absoluto del 'poema en prosa'; y alguno de ellos son estampas flamencas que, en su ambiente interior, de ardenada domesticidad burguesa, o en los paisajes, como vistos desde una ventana, evocan las viejas 'tablas'.


Así, aunque apenas nada de ambas obras baudelarianas guarda semenjanza con la del malogrado borgañón, sin embargo, en país al que Baudelaire invitaba a su amada no es ya uno de los ribereños del Mediterráneo, con los que soñaba la Mignon goethiana, sino la nórdica y opulenta Holanda de 'soles mojados' y 'cielos brumosos', en cuyos canales se balancean navíos que vienen del confín del mundo con sus ricas mercaderías, en donde el sol poniente reviste ciudad, campo y agua con las tonalidades del oro y el jacinto, y en cuyas estancias de adornados techos, antiguos y lustrosos muebles, flores exóticas de sensuales aromas y profundos espejos, crean un ambiente en que





'todo es orden, beldad


lujo, calma y voluptuosidad'.





Como a su amada Marie, también a nosotros nos invita el poeta a viajar a este 'pays de Cocagne' -tierra fabulosa-, que puede ser considerado como 'el Oriente de Occidente, la China de Europa', porque en él -dice- 'la felicidad está unida al silencio'. A esta tierra, que no es la Holanda de los mapas, la poéticamente trascendida en donde Baudelaire encontró sus simbólicos 'tulipán negro y dalia azul'..., a este país, a este ámbito merece la pena acompañar en su viaje al primer gran simbolista, en estos tiempos de angustiosa ansiedad y vacua precipitación, porque allí 'las horas, más lentas, contienen más pensamientos' y 'los relojes tocan a dicha con una profunda y significativa solemnidad'.





Paz Díez-Taboada, profesora y poetisa





DE LAS PÁGINAS 6-7 DE LA REVISTA 'CAMINAR CONOCIENDO', NÚMERO 8 DE JULIO DEL AÑO 2.000





PÁGINAS ILUSTRADAS CON UN CUADRO DEL PINTOR IRANI HOSSEIN MAHJOUBI





Aquí la ilustraremos con unos caballos al galope, pues en el cuadro del pintor Hossein Mahjoubi aparecen caballos en galopada en un paisaje paradisíaco